Por qué te escribo así (y no de otra manera)
Hubo una época en la que mi negocio funcionaba…
pero yo estaba hecho polvo.
— Clientes por todos lados.
— Agenda a reventar.
— Trabajo entrando a diario.
Desde fuera, parecía que todo iba de puta madre.
Desde dentro, yo era el cuello de botella de todo.
Si yo paraba, el negocio paraba.
Trabajaba muchas horas. 14 ó 16 horas diarias.
Siempre ocupado.
Siempre con la…

